Nada enseña tanto como la vida. Nuestra propia existencia y la experiencia adquirida a lo largo de los años, se convierte en una carrera cuya finalidad es la evolución de nosotros mismos.

Nuestra misión en este mundo no puede ser ganar dinero, ni perseguir un éxito que sea del agrado de los demás. Tampoco habitamos el planeta para acumular objetos en los que basar nuestra felicidad, ni a estar constantemente distraídos para olvidarnos de nosotros mismos.

Para aprender en “La Escuela de la Vida”, no podemos vernos como victimas de un destino escrito. El compadecerse de uno mismo no hace mas que delegar nuestra propia responsabilidad a agentes externos e incontrolables. Lo que es sumamente cómodo si lo que queremos es tener una excusa para sentirnos infelices el resto de nuestra vida.

No podemos ser felices hasta que no nos identifiquemos como máximos responsables de nuestro propio destino. Nuestra felicidad no puede depender de otra persona, de los objetos que compremos, ni de la efímera sensación de satisfacción que supone consumir experiencias enfocadas a una simple diversión.

Seremos felices cuando aceptemos a la persona que vemos en el espejo por la mañana, cuando seamos responsables de ella y entendamos que, tanto los objetos que creemos poseer, como nuestras relaciones con los demás, no son un pilar donde construir nuestra vida. Debemos construir desde dentro hacia fuera. Cuando uno cambia, todo lo demás cambia.

Ser feliz es estar en paz con uno mismo

La felicidad debería ser nuestra propia naturaleza, nuestra actitud a la hora de afrontar nuestra vida para poder vivir en paz.

Ser personas activas, en lugar de pasivas, para poder vivir de manera consciente y responsable. Dándonos cuenta de que son nuestros pensamientos los que modifican una realidad, para hacernos sentir diferentes emociones. Nuestra manera de pensar es la que determina nuestra felicidad, no las situaciones vividas. La aceptación de lo que nos ocurre es la base donde construir nuestra paz interior y nuestra ausencia de sufrimiento.

 “Aquello que no somos capaces de aceptar es la única causa de nuestro sufrimiento”, Gerardo Schmedling.

Aceptar las circunstancias no significa ser alguien que sonríe mientras se resigna. No es reprimirse, ni ser indiferente. Todo lo contrario. La aceptación proviene de la comprensión e implica eliminar reacciones impulsivas, basadas en un sistema de creencias limitante.

El verdadero reto viene cuando nos planteamos aceptar a las personas tal y como son, sin intentar cambiarlas. Lo mismo pasa con la realidad que nos rodea, no podemos cambiarla pero sí podemos elegir cómo enfrentarnos a ella.

La auténtica aceptación es la de aceptarnos a nosotros mismos y asumir el reto de  ser capaces de amarnos.

¿Qué has aprendido en La Escuela de la Vida?

La vida debe ser un Viaje al Centro de uno Mismo, para conocernos, aceptarnos y amarnos. Podemos aprender a ser felices y en nuestra mano está conseguirlo. Cambiando nuestro comportamiento, cambiaremos nuestras emociones y la manera en como nos vemos dentro de este inmenso reto que es vivir.

Es fácil decir “debes ser feliz”, es fácil escribir un post como este, pero lo que debemos preguntarnos cada día al despertar es si somos realmente felices y –de no ser así- qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo. Francamente, quizá no sea tan descabellado intentarlo.

Imagen: Pixabay

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