Puedes decirle muchas cosas a tu cliente, pero de todas ellas, hay 5 en particular que jamás debería escuchar de ti:

1.”Disculpa el retraso, es que tengo mucho trabajo”

Tener trabajo nunca puede ser la excusa para saltarte una fecha de entrega. Es un argumento muy feo, trillado y que crea una imagen muy pobre de tu profesionalidad.

Argumentar que no cumples con tus objetivos porque tienes mucho trabajo, es reconocer que deberías dedicarte a otra cosa. “Manolete pa’ que te metes”, que diría aquel.

Todo el mundo tiene mucho trabajo, pregunta por ahí, a ver quien te dice que va sobrado de tiempo. Nadie.

Si la causa de no entregar un proyecto es porque tienes mucho trabajo, quizá deberías ser menos optimista con los timings, delegar tareas o simplemente comprometerte con lo que sí puedas cumplir.

Cumple y huye de las excusas fáciles. El trabajo no puede ser una excusa para no cumplir con tu trabajo.

2.”Te costará más caro”

Conozco a profesionales que han dado un precio cerrado que luego pretende “abrir” cuando se dan cuenta que se han pillado los dedos a ala hora de dar un precio.

Es un riesgo que se corre en la venta de servicios. El cliente te pide una valoración antes de iniciar los trabajos y justo después, en medio del “fregao”, te das cuenta que no valoraste el proyecto como debieras.

Te has quedado corto y te das cuenta que no vas  a ganar dinero, o peor, que lo vas a perder. C’est la vie mon amie!

Siento decirte que en tal caso te lo vas a tener que comer con patatas. Cuando has dado un precio cerrado debes ser formal y respetar lo que acordaste con tu cliente.

¿Qué tal te sentirías tú si comprases unos pantalones on line por 45€ y luego, cuando cobran el importe de tu cuenta, vieras que te han cobrado 70€?, ¿te haría gracia?,¿volverías a comprar en esa tienda?

Precio cerrado es precio sagrado.

3.“Tu idea no es buena”

“El cliente siempre tiene la razón”, aunque en el fondo pienses y sepas que no es así.

Los proyectos para tus clientes no son “tus proyectos”, son “sus proyectos”. Que tú los ejecutes no significa que te pertenezcan.

No eres Salvado Dalí pintando un cuadro, eres un profesional que gestiona y crea proyectos viables para clientes que están pagándote por ello.

No importa qué te diga el cliente ni cuán ridículo te parezca su planteo o necesidad.

Bien, eres un profesional con buen criterio que debe dar su opinión. Totalmente compatible.

Hay muchas maneras de matar moscas. Puedes explicarle a tu cliente que lo que pide no es del todo adecuado.

Si eres un buen profesional serás un buen consultor. Podrás guiar a tu cliente hacia lo que tú creas que es más conveniente, pero él siempre tendrá la última palabra.

El que paga manda, tenga razón o no.


4.“Es que yo trabajo así”

Todos tenemos un estilo, unos métodos y una rutina de trabajo que nos gusta respetar porque nos resulta cómoda y nos permite que el trabajo se resuelva con cierto ritmo.

Sin embargo, es importante garantizar la buena comunicación con la mano que nos da de comer.

¿Un cliente quiere 10 revisiones del proyecto? Dáselas y cóbralas.

Que tu ego no diga aquello de “es que yo trabajo así” o “yo no trabajo así” y te cierres una puerta que hasta ese momento estaba abierta.

Adáptate, sé flexible y muéstrate bien predispuesto a los cambios. Nada peor para un cliente que sentir que el profesional que trabaja para él es una pared.

Deja contento a tu cliente. Transmite confianza y buen actitud.

5.“¡Nos vemos, un besito, buen finde!”

Tu cliente no es tu amigo. Puedes tener muy buena relación con tu cliente pero ello no significa que lo trates como a un coleguita tuyo.

Yo he trabajado con amigos y siempre he procurado no traspasar la línea que separa lo profesional de lo privado. Es una cuestión de imagen, de buenas maneras, de marca personal.

Sé profesional cuando trabajes y amigo en tu vida privada. No mezcles.

Si quieres que tus clientes te tomen en serio, actúa profesionalmente siempre. No dejes que un “buen finde” tire por tierra esa reputación que tanto te ha costado forjar.

Lo mismo pasa con la vestimenta: si bien las reglas han cambiado y hoy es todo un poco más relajado, hay un cierto código a seguir: no aparezcas con bermudas en una reunión porque más tarde vayas a la playa con tu família.

Tu imagen de seriedad puede quedar por los suelos sólo por no elegir la prenda adecuada.  


Ahora te toca a ti. ¿Qué cosas crees tú que jamás deberías decirle a tu cliente?

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