¡Que la Suerte no te acompañe! Que no lo haga, porque no existe.

No creo en la suerte porque nada ni nadie me ha demostrado que exista. Mucho menos en personas con suerte o personas sin suerte. En afortunados o desafortunados. Soy ateo practicante, característica de mi persona que no me permite creer en una fuerza misteriosa con un poder capaz de decidir qué sí debe o que no debe pasar.

Hay días en los que te levantas y parece que todo va muy bien. Desayunas a gusto, te encuentras un billete de 20€ en el suelo y ese día tu jefe está de buen humor y mantiene contigo una charla amigable.

En cambio, al día siguiente no has escuchado el despertador, sales con prisa de casa y el coche no arranca, llegas tarde al trabajo y tu jefe está de mal humor. ¿Qué diferencia hay entre el primer día y el segundo?, ¿buena suerte en el primero y mala suerte en el segundo?

No lo creo. Seguro que en el primer día pasaron cosas malas y en el segundo cosas buenas pero es como si no nos interesase percibirlo así.

Hablar de suerte es hablar de lotería, o al menos es lo que pretenden inculcar las campañas publicitarias de juegos y apuestas.

“Ten suerte y tira el despertador por la ventana”, como si la felicidad fuera quedarse en la cama todo el día. “Ten suerte y compra esos placeres que no son baratos”, campaña bastante detestable ya que nos cuenta que una persona sólo será feliz si es capaz de comprar un jet privado. Lamentable.

Parece increíble que en una era abundante en conocimiento, sigamos creyendo que nuestra felicidad está en manos de ganar algún día algún tipo de premio económico que, por supuesto merecemos y que será la clave para hacer de nuestra vida un lugar más feliz.

Lo cierto es que hay más posibilidades de que te caiga un rayo en la cabeza que de ganar algún tipo de lotería.

Entonces, ¿por qué no lleva un pararrayos en la cabeza una persona que juega a la Primitiva cada semana? Debería.

Está claro que a alguien le tiene que tocar la lotería, por la misma razón que a alguien le tiene que caer algún día un rayo en la cabeza: por probabilidad.

Pero déjame decirte que está demostrado estadísticamente, que las personas que “tienen la suerte” de ganar la lotería, en 5 años o menos vuelven a una situación igual e incluso peor que antes de haberla ganado.

Y la razón de que esto ocurra, de nuevo, no tiene nada que ver con la suerte. Las personas que juegan a la lotería, por lo general, no suelen ser ricas sino todo lo contrario: desean hacerse ricas.

Esas personas son incapaces de gestionar el dinero que ganan con la lotería porque carecen de la inteligencia financiera necesaria para crear fortunas o para conservarlas y hacerlas crecer.

Así que en 5 años puede que lo mejor que hayan sabido hacer con el dinero ganado es adquirir toda una serie de bienes pasivos que lo único que han conseguido es incrementar su nivel de deuda. ¡Menuda “suerte”!

“Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo”, Thomas Jefferson.

Las personas que triunfan en su vida personal y/o profesional son gente que han trabajado para construir su propia “suerte”. Han dejado su destino en sus  propias manos, viven de manera activa, tomando las riendas de una vida que un día decidieron dirigir.

Son personas de éxito porque viven como piensan y no al revés. “Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive.”, José F. Ferrer.

La gente cree en la suerte porque es cómodo delegar nuestras propias responsabilidades. La suerte nos permite creer en un destino escrito que escapa a nuestra voluntad.

Nos dice que nuestra vida debe seguir un camino diseñado por una mano mágica y desconocida. Por tanto, podemos sentarnos a ver la tele y esperar a que “la suerte” llame a nuestra puerta para guiar nuestras vidas.

Como si la suerte realmente existiese. Y como si nuestro destino y éxito en la vida se pudiese comprar.

Nos pasamos la vida quejándonos de nuestra suerte pero dedicamos muy poco tiempo a trabajar para cambiar de vida, cambiar nuestra “suerte”.

Creer en la suerte es negarse a hacernos cargo de lo que está en nuestra mano cambiar.

Si me pides que cree en la suerte te diré que sólo soy capaz de creer en las cosas buenas y malas que pasan en nuestra vida. Que las malas vienen solas y que las buenas debemos salir a buscarlas.

La buena suerte es en la que no creo porque nada ni nadie me ha demostrado que exista. Sí creo en el esfuerzo, en la superación y en una manera responsable de vivir la vida, muy alejada de loterías y premios poco merecidos, pero tan y tan ansiados.

¿Qué me dices?, ¿te animas a crear tu propia “suerte”?

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