Este post es un hasta que la muerte nos separe, un para toda la vida, un hasta el infinito y más allá.

Hoy vengo a pedirte que vivas una vida más incómoda, más dolorosa, más sucia pero mucho más placentera, donde encontraras más blancos y negros que grises. Te animo a que subas a un tren con destino a un mundo mejor, donde el compromiso es el común denominador de lo que allí encontrarás. Un tren que termina su recorrido en una tierra llamada  “Compromisoland”.  Venga, ¡que salimos ya!

Sí, my friend. Hoy vengo a hablarte de compromiso o mejor dicho, de vida comprometida. De lo que supone atar fuertemente tus intenciones con tus acciones, para que jamás vuelvan a separarse. Hoy quiero retarte a que vivas según lo que prometes, que seas fiel a lo que dices que vas a hacer y que lo hagas. A que muevas tu cuerpo al lugar donde tus palabras prometieron, declarando la guerra a tu pasividad, metiendo los pies en el barro y luchando contra el ¿qué le vamos a hacer? Para encontrar tu misión y tu compromiso, para encontrarte a ti mismo.

Nada que no necesite de tu compromiso vale la pena en esta vida. ¿Qué compromiso hay en ver la tele?, ¿en criticar al que no está?, ¿en estar con quien no quieres estar?, ¿qué cosas haces con real convencimiento? Sergio Fernández, director del Instituto Pensamiento Positivo, aconseja siempre comprometerse con muy pocas cosas pero con un alto nivel de implicación. Comprométete a poco para poder cumplir con tu palabra. Si adquieres un compromiso debes poner todo tu empeño en que éste se materialice.  Si dices “iré a pescar”, ponle fecha concreta a esa promesa y cumple con ella. No prometas “a la ligera”, cayendo en el tópico trillado de decir cosas como “a ver si quedamos” cuando te encuentras con alguien a quien no quieres volver a ver.

Una vida comprometida con los demás y con nosotros mismos, consiste en tomar el mínimo de acciones con un mayor flujo de conciencia. Y aquí no sirven excepciones ni discriminaciones de ningún tipo. Tan importante es que cumplas tu palabra con tu jefe como con un amigo, un familiar o incluso con tu mascota. Tu palabra y la verdad que impregnas en tus promesas son la base de la confianza que transmites en aquellos que se relacionan contigo.

“Lo sueños parecen al principio imposibles, luego improbables, y luego, cuando nos comprometemos, se vuelven inevitables”, Mahatma Gandhi.

Introduce pequeños nuevos retos con los que comprometerte, algo que hacer que rompa tu rutina. Anuncia tu nuevo compromiso a todos los que te conocen, de esta manera te forzarás a cumplir con tu palabra. Busca un proyecto en el que creas y colabora con él. Puede ser cualquier cosa, no hace falta que te vayas de misionero a la India. Podrías dar clases a tu sobrino, pasar más tiempo de calidad con tus hijos, encargarte de algún trámite que hasta ahora hacía tu pareja, sacar a pasear el perro de tu vecino o algo mucho más significativo como el proyecto El ejército invisible se moviliza donde yo mismo tuve la suerte de participar. O mejor aún, inventa tú la idea y haz que los demás participen en ella. Sé disciplinado y cumple con la misión del proyecto que elijas y verás como tu felicidad y auto estima crecen de forma significativa.

No hagas diferencias entre lo que piensas que vas a hacer, lo que dices que vas a hacer y lo que terminas haciendo.

Vive comprometido y mejora así tu calidad de vida.Vivirás “en compromiso” cuando seas capaz de llevar estas tres acciones con con armonía y coherencia. Cumplir tus promesas es dar continuidad a lo que imaginaste en el pasado, es reforzar tu marca personal, tu reputación, es sumar valor a tu vida. Es vivir en compromiso.

¿Qué me dices?, ¿te subes a este tren?, ¿te vienes a “Compromisoland”?

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