Una vez vi un título de un libro que me impactó “Vivir Sin Miedos”, de Sergio Fernández. Tan sólo la lectura del título me hizo reflexionar sobre si sería posible para mí vivir sin ningún tipo de temor.

¿Es posible vivir sin miedos?

Antes de empezar a golpear mi teclado debo advertirte de algo: soy una persona con muchos miedos. No soy nada valiente y creo que nunca lo seré. Por eso considero que vivir sin miedo es como plantearse vivir sin respirar. Difícil no, imposible.

Lo que sí tengo claro, es que puedo convivir con mis miedos y no dejar que estos me paralicen. ¿Y cómo consigo hacerlo? Te recomiendo que sigas leyendo para saberlo.

Hace tiempo que percibí que detrás de cada “no” se esconde un miedo. Si alguien me planteaba sumergirme en una nueva experiencia y mi respuesta era un “no” es porque me daba miedo enfrentarme a esa nueva experiencia.

Quizá a ti te ocurra lo mismo porque si te pregunto: ¿quieres hablar en público mañana?, ¿quieres tirarte en paracaídas?, ¿dejarías tu empresa para hacerte autónomo? ¿Cual será tu respuesta a estas preguntas? Si es un “sí”, enhorabuena, pero si es un “no” es posible que sea porque te de miedo experimentar cualquiera de estas situaciones.

El cerebro ejerce el papel de nuestro ángel de la guarda, pero demasiada protección es, cuanto menos, contraproducente.

¿Por qué decimos que “no” a algo nuevo? Para protegernos de un supuesto peligro. Debemos detenernos un momento y pensar si nuestros miedos obedecen a algo real o simplemente son fruto de nuestra imaginación.

Yo te preguntaría: ¿cuantos de tus viajes en avión han terminado en accidente?, ¿en cuantos ascensores te has quedado encerrado?, ¿cuánta gente se ha reído de ti mientras hablabas?, ¿cuántos de tus amigos han muerto al tirarse en paracaídas?, ¿cuántos de tus amigos autónomos han muerto de hambre?

El miedo infundado nos paraliza, nos encarcela, nos limita, nos obstruye y nos condena. Porque, aunque nos cueste reconocerlo, sentimos miedo a diario por cosas que quizás jamás sucedan.

El miedo a los cambios, suele ser uno de los miedos más comunes, ¿por qué? Porque cualquier cambio supone movernos de nuestra zona de seguridad. Cambiar de trabajo produce miedo, conocer a alguien produce miedo, ir a una boda produce miedo, incluso ir a una fiesta de cumpleaños de un amigo de tu hijo produce miedo. Porque todas estas situaciones nos empujan fuera de nuestra de fortaleza y nos exponen a nuevas situaciones que escapan a nuestro control.

“No huyo de un reto porque tenga miedo. Al contrario, corro hacia el reto porque la única forma de escapar al miedo es arrollarlo con tus pies”. Nadia Comaneci

Afortunadamente, creo que no es posible vivir sin miedo. Pero creo que sí es una necesidad enfrentarnos a nuestros temores.

Por mi propia experiencia, tengo la seguridad de que la única manera de vencer un miedo es enfrentándote a él. Cuando te atreves a hacer lo que quieres de verdad, te das cuenta de que la satisfacción de haberlo intentado al final supera al miedo inicial.