Tú y yo nacimos dentro de un sistema monetario. Los dos formamos parte de él, lo alimentamos a diario para perpetuar su existencia. Porque hoy todavía seguimos convencidos de que nuestra felicidad se basa en adquirir bienes materiales.

La economía forma parte de nosotros, son las instrucciones genéticas que llevamos en el pack de ser humano capitalista. Todo se relaciona a través del dinero, es la plataforma donde construimos el juego de la vida. Nuestra casa, la educación de nuestros hijos, nuestra alimentación, todo se construye sobre un tablero de suelo resbaladizo.

En el sistema monetario todos somos piezas de un Monopoli, con reglas diseñadas por gobiernos. Vivimos convencidos de ser sólo peones, fichas movidas al antojo e interés de una mano negra, grande y poderosa. Nos vemos como espectadores en una sala de cine con pantalla grande e impenetrable, viendo una película con final conocido.

Si alguien fuera capaz de demostrarnos cuán moldeable es este mundo, aparentemente rígido. Cómo nuestros hábitos de consumo influyen de forma directa en este sistema del dinero, maléfico y aparentemente incontrolable. La manera de ganar dinero y la manera de gastarlo es nuestro talón de Aquiles.

Es nuestra ignorancia financiera la que nos lleva a comprar productos, sólo ideados para preservar un sistema basado en la deuda. Devoramos pasivos sin que nadie nos cuente cómo adquirir activos, compramos a crédito y nos enorgullecemos de poder obtener productos sin pagar en metálico.

En un sistema que promueve el consumismo como vehículo para conseguir la felicidad, es fácil ser un infeliz. No somos felices porque basamos nuestro reconocimiento en una bonita mesa, una potente lavadora o un coche nuevo. Queremos más mientras más tenemos. La facilidad de adquisición es la muerte del aprecio por lo conseguido. Nuestra tristeza engorda a la vaca gorda del dinero.

Es hora de revisar nuestro sistema de creencias, que son las que nos han llevado a crear un estilo de vida puramente materialista. Más allá de nuestro mantenimiento, de cubrir las necesidades básicas de toda persona, conviene repasar en qué invertimos nuestro dinero.

Todo euro es una responsabilidad, en qué se emplea ese pequeño capital determina cómo será el mundo de mañana. El dinero debería ser considerado como una herramienta, no como un fin. Nuestra felicidad dependerá de lo que somos, despojados de bienes y accesorios que entorpecen la percepción de nuestro yo interior.

Volquemos nuestro esfuerzo en crear riqueza, en lugar de fabricar dinero. Miremos hacia adentro, para encontrarnos, ser felices por lo que somos y no por aquello que poseemos. Los objetos desaparecerán pero la esencia siempre permanecerá eterna.


Este post está basado en el documental “Zeitgeist Addendum”, del que te recomiendo su visionado.

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