“Cuando das amor sin apego te estás entregando amor a ti mismo”, Borja Vilaseca.

La idea descabellada de que es tuyo aquello que amas ha sido la base de un sinfín de canciones de amor y poesía. Temas que hablan de sufrimiento, de posesión, de esclavitud o de celos, todo ello embellecido y envuelto con un bonito lazo rosa al que algunos mal llamaron romanticismo.

Se puede llegar a pensar que el apego es intrínseco al hecho de amar pero no es cierto.

El apego no es amor, es un sentimiento de posesión. Algo que devora silenciosamente nuestra paz interior porque nos convierte en esclavos de aquello que creemos que nos pertenece, un castigo que nos auto-infringimos con relación a personas y/o cosas.

El apego nos impide ser autónomos y nos condena  a ser inmaduros con respecto a nuestras emociones, además es un gran acelerador de una ceguera que nos impide ver las cosas con la perspectiva adecuada, olvidando cómo  realmente son.

Efectivamente, el apego es malo, así que debemos entrenarnos para el “no-apego” o, lo que es lo mismo, para vivir desapegado.

El desapego nos dice que las personas debemos aprender a ser autónomas, seguras de nosotras mismas y con una adecuada madurez emocional. Disponer de una buena autoestima es un pilar básico para desarrollar un apego saludable.

Las personas que practican el desapego no tienen miedo a la soledad, son capaces de hacer cosas por sí solas con plena seguridad en ellas mismas y sin tener que depender de segundas opiniones. Es vital pues que aprendamos a ser felices siendo como somos, también en nuestra propia soledad, sin la necesidad constante de que otros validen nuestra manera de vivir y sentir.

Si hay apego no hay amor. Yo quiero con locura a mis dos hijos pero entiendo que ellos no son de mi propiedad porque considero que nadie es de nadie. Hay padres que piensan que sus hijos “les pertenecen” porque fueron los responsables de darles la vida. Son ese tipo de padres que se inmiscuyen tanto en la vida de sus hijos que no les permiten ser ellos mismos. Son los que se creen con el derecho a tratar a sus hijos adultos como si fueran niños, queriendo decidir por ellos constantemente. Y eso, a largo plazo, puede ocasionar el rechazo total del hijo hacia a sus padres.

Con nuestros hijos debemos fomentar un “desapego sano”, dejar que se vayan apartando de nosotros a medida que van creciendo, para convertirse en personas libres y con el poder de decidir por ellos mismos. Nosotros, como padres, tenemos el deber natural de quererles y apoyarles en cada una de sus decisiones, pero eso no implica inmiscuirse en todos sus asuntos personales.

Si hay necesidad de amar no puede haber amor, ya que éste no puede ser mendigado. Hay muchas personas que vuelcan toda su felicidad en la relación a su pareja. Puede que conozcas el caso de alguien que no sabe estar solo. Tienen la errónea idea de que, para ser felices, es necesario tener a alguien a su lado para que les den el amor que ellos no son capaces de atraer hacia ellos mismos. La clave es actuar justo al revés a cómo este tipo de personas actúa. Uno debe ser capaz de aceptarse, conocerse y entrar en contacto con su propia esencia para amarse. Cuando somos capaces de amarnos a nosotros mismos, es cuando las otras personas se interesan y terminan por aceptarnos y querernos. Nadie te va a querer si tú no te quieres antes.

Vivir desapegado no es vivir en la indiferencia, es amar de forma más natural.

Amar a alguien no es controlar o dominar, no son celos ni posesión. Querer es confiar en tu pareja para dejar que viva en libertad. Si te pasas el día pensando en qué estará haciendo tu pareja, con quien estará o en qué estará pensando, es que vives apegado a ella. Es una relación que terminará auto-destruyéndose porque se basa en la desconfianza y en el temor de la pérdida. Amar es construir, no destruir. Es compartir tu vida con quien quieres pero entendiendo que cada uno tiene una vida fuera de esa relación, una vida que no perjudica sino que la beneficia y refuerza.

 “Solo cuando se mira al pasado y al futuro en perspectiva se comprende que cualquier tiempo pasado fue peor y que cualquier periodo del futuro será mejor, Eduard Punset.

Desapegarte es vivir el presente, construyendo nuestro futuro basado en el hoy y no en el ayer. Porque nuestros apegos se basan sobre todo en acontecimientos dañinos del pasado. Mirando hacia atrás jamás serás feliz, vivir apegado a “aquellos maravillosos años” es basar nuestra vida en algo que no existe, es engañarse creyendo que “cualquier tiempo pasado siempre fue mejor”. Una mentira que solemos repetirnos continuamente por miedo a vivir el presente. Vive al máximo tu presente y desapégate del pasado.

Cuando te desapegas aprendes a relativizar las cosas que te pasan. Con desapego eras capaz de ver una visión más global del mundo, con mayor perspectiva. Cuando vives apegado a todo es como si te encontrases frente a un gran árbol, tan cerca de él, que no te dejase ver que detrás hay todo un bosque. Con el desapego, consigues distanciarte lo suficiente de ese árbol para comprobar que hay todo un mundo detrás de él.

La vida fluye, se mueve, cambia a cada instante y son muy pocas las cosas que podemos retener. Y no las retenemos porque en realidad nada nos pertenece. Hay gente que vive apegada a sus pertenencias: a su coche, a su vivienda o a su dinero.  Cuando entendemos que nada realmente es nuestro y que nos iremos de este mundo con el mismo equipaje con el que vinimos, es cuando aprendemos a desapegarnos de nuestros objetos.

Nada es realmente tuyo, no te pertenece en realidad. El dinero viene y se va, tu casa no es tuya (posiblemente sea del banco) y tu coche terminarás cambiándolo por otro. Todo está de paso en nuestra vida así que apegarse a las cosas es como clavar pequeños objetos en nuestro cuerpo que un día deberemos arrancar.

No somos dioses, así que sabemos que nada es eterno en nuestra vida. Desapegarse consiste en entender y asumir que todo lo que hoy nos acompaña algún día desaparecerá. Perderemos nuestra juventud, algunas amistades desaparecerán pero vendrán otras, nuestro amor de hoy puede ser la indiferencia o la tristeza de mañana, nuestros ancianos nos dejarán y nuestros hijos crecerán y volarán algún día del nido. Aceptar las pérdidas que vendrán es tan importante como respirar, es prepararse para el presente y el futuro, sabiendo que mañana puede no estar lo que hoy amas, pero entendiendo que eso no detendrá tu vida. Desapegado seguirás avanzando siempre, con salud emocional y la felicidad de poder reconocerte como alguien integro y libre.

Imágen: Pixabay

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